Una pequeña broma causó la gran tragedia del crucero

 

 

El accidente del Costa Concordia no se debió al azar. Un juego, un guiño cómplice a dos tripulantes históricos de la nave, fue lo que llevó al capitán del crucero a acercarse a la orilla de la Isla de Giglio peligrosamente, publicó Infobae.

“Todo esto por un favor”, era uno de los comentarios que circulaban por la isla de Giglio al día siguiente del naufragio. Un favor no pedido, para colmo.

La historia, tal como la relata el diario italiano Corriere della Sera, desmiente una primera versión: la de que el capitán acercó al barco a la costa para que los pasajeros saludasen a los vecinos y tomasen fotografías; una vieja tradición en este tipo de cruceros. Pero no fue asi, ya que los turistas a bordo no se enteraron de la maniobra hasta que la nave encalló y en la cubierta sólo se encontraba un puñado de miembros de la tripulación junto al capitán, Francesco Schettino.

Antonello Tievoli era el maître del Costa Concordia. El hombre, que lleva 12 años embarcado, era el único gigliense a bordo del crucero. Pero ese día no debía haber estado allí. La falta de reemplazo lo había obligado a postergar su licencia, que dabía comenzar una semana antes.

“Antonello, ven a ver, que estamos encima de tu Giglio”, escuchó que lo llamaban esa tarde de viernes. Subió a cubierta, sin imaginar que era el protagonista involuntario de una tontería que acabaría en tragedia. Seguramente la intención fue compensarlo por su presencia forzada en el barco con un gesto simpático. Se asomó por la borda, vio su isla natal demasiado cerca y alcanzó a decirle al comandante Schettino: “Ojo, que estamos pegadísimos a la orilla”. Era tarde.

El otro destinatario del “saludo” del Costa Concordia ni siquiera se encontraba a bordo. Se trata de Mario Palombo, un legendario capitán retirado cuyos padres eran de Giglio. Al parecer, el hombre era aficionado a este tipo de gestos: acercar el barco a la orilla para que pasajeros y vecinos se saludasen. En 2006, tuvo un infarto y debió retirarse, pero es muy respetado por las tripulaciones que lo sucedieron. Consultado por el Corriere, el hombre se molesta al verse asociado a este papelón que derivó en drama. “Yo siempre acordaba esos acercamientos con la comandancia del puerto”. Y agrega: “No entiendo cómo pudo pasar esto, no sé qué se le pasó por la cabeza a mi colega”.

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